Elon Musk y su internet mundial

PhD (c). Alejandro Mier Uribe
CEO Target Publicidad

Pues sí, ¿no? Para que andar con pequeñeces de poner Internet en vías públicas, el parque central o lugares de recreo cuando podemos de una vez hacerlo a nivel mundial. Así piensan los iluminados. Es la materia que fluye por su lóbulo frontal. Mientras unos se preguntan cuántos caballos agregar a la carreta para que jale más rápido, una mente privilegiada dice: mejor hagamos un carro. ¿Ven a lo que me refiero cuando hablo de salirse de la caja? ¿de los seres que cambian al mundo? “Think different” diría Steve Jobs. Estaría muy chido tener los súper poderes de los Avengers o, mínimo, de los tampoco despreciables DC, pero, ¿para qué? Si los artistas de la creación (los reales de carne y hueso) no tienen ninguna de las extraordinarias fortalezas de esos súper héroes… y sin embargo lo son. 

Recién leí el extraordinario libro “Momentos estelares de la humanidad”, de Stefan Zweig, escrito en 1927, ¡vaya pasarela de iluminados y conquistadores! Y en ellos vemos, una y otra vez, estos inverosímiles seres cuya prodigiosa visión perciben lo que los demás, no. Marco Tulio Cicerón, el primer defensor de la humanidad, cuya cabeza terminara atravesada por un imponente clavo oxidado justo en la tribuna de los oradores. Mehmet, soberano del imperio otomano, genio militar que por supuesto no escuchó las “sabias voces” que le decían que los barcos solo pueden ir por el agua y decidió  ¡avanzar toda una flota por encima de una montaña! para conquistar Constantinopla, la cuidad de Constantino, la vieja Bizancio. Núñez de Balboa quien para poder hacer las américas, viaja de polizón ocultándose dentro de un cajón de víveres y termina sellando su nombre en la historia al convertirse en el primer español, el primer europeo, el primer cristiano, que después de atravesar el Atlántico, divisa el mar buscado desde años por Colón, el aún desconocido océano Pacífico. El capitán Rouget de Lisle, “el genio de la noche”, pasando a la inmortalidad al entrar en un trance creativo en el que en una sola noche escribe letra y música a la perfeccción de un himno triunfal, una canción de muerte, un canto a la patria francesa, su himno nacional: La Marsellesa, cuya difusión supera por mucho lo logrado por Moliére, Racine y Voltaire. Y más vale que pare porque siguen más… Napoleón, Goethe, Dostoievski… Cyrus W. Field colocando un cable trasatlántico para conectar el telégrafo entre América y Europa lo que en el momento se consideró el hecho más grandioso del siglo. Por cierto, para los que creen que es fácil o se dan por vencido a la primera, nomás le costó cruzar el océano de un lado a otro 31 veces con sus muy criticados fracasos de por medio. 

Y ahora el fenomenal Elon Musk (Tesla, SpaceX, Paypal, SolarCity, OpenAl, etc., etc.) lanzando con Starlink 1,500 satélites alrededor del mundo para llevar Internet a las zonas más remotas del mundo. Dice que no le va a hacer competencia a los actuales proveedores de Internet en el mundo. Estoy de acuerdo con él. Simplemente llegó para poner su enorme pie encima de ellos y aplastarlos como ínfimas hormigas. Alguien que mira al universo mientras otros resuelven conexiones a nivel hogares, tiene todo el derecho de hacerlo. Así son esos intelectos sobredotados, arrasan aunque no lo quieran.

¿Por qué hace lo que hace? Le preguntaron a Elon Musk, y respondió: “para mostrar con Tesla que la vida en la Tierra puede ser buena con energías renovables; el resto, para saber qué preguntas hacer a ese cúmulo de respuestas que es el universo”. Me recuerda, desde luego a Copérnico, Galileo, Newton, Einstein, Hawking… y muy en especial a Leonardo Da Vinci cuando por el año de 1480, al observar al mundo desde la montaña, decía: “todo está ahí… ¿ves cómo las alas del águila, al batirse contra el aire, hacen que la pesada ave se mantenga sobre el aire? ¿Ves cómo el aire marino puede impulsar un gran barco, al chocar contra sus velas? –al hablar, se llenaba de júbilo–, esas razones evidencian que el hombre logrará someter al aire y elevarse sobre él cuando sea capaz de construir unas grandes alas que venzan la resistencia que opone al aire”. Ahora, Elon Musk está viendo hacia el universo, ¡maldita sea! daría todo por saber qué es lo que le susurra al oído.

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